OCTAVA ESTACIÓN
JESÚS REPRENDE A LAS HIJAS DE JERUSALÉN Te adoramos Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mi, pecador. Amén
" ... Seguía a
Jesús una multitud entre las que se encontraba unas mujeres que lloraban y se compadecían de Él.
Cristo le dice: Hijas de Jerusalén, no lloréis ni sufráis por Mí. llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos ..." A
pesar de Tu dolor físico, aún tuviste fuerzas para expresarles a esas mujeres Tu otro dolor, el de la rebeldía y dureza de corazón de tu pueblo para
escuchar la Palabra de Dios. Y nosotros seguimos haciéndonos los sordos a tu mensaje. Nuestro corazón
sigue estando sordo a las llamadas de los que pretenden algo de nosotros, de los que precisan nuestra ayuda, de los que pretenden que les resolvamos un
problema. Nosotros Señor, tan solo tenemos oídos despiertos para oír el sonido del dinero y los placeres.
Oídos para la algarabía del mundo, pero no para Tu Mensaje. Y Tú, que nos ves con lágrimas en los ojos al contemplar alguna escena piadosa, nos dices como
a las mujeres de Jerusalén, que lloremos por nuestros muchos pecados. Haznos llorar EN SILENCIO por nuestras
culpas, para llorar con todos aquellos que sienten el dolor de sus cuerpos. Señor
pequé. Tened piedad y misericordia de mí.
Padre Nuestro ...
Ave María ...
Gloria ...
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